Publicado originalmente en 2013. Revisado y actualizado en julio de 2026.
El llamado punto G no funciona como un botón con coordenadas fijas y no se ha demostrado que sea un órgano aislado presente de la misma manera en todas las mujeres. Algunas describen una zona especialmente sensible en la pared anterior de la vagina, cerca de la uretra, cuya estimulación puede resultar placentera. Otras no sienten nada particular en esa zona. Ninguna de las dos experiencias indica que exista un problema.
La investigación científica lleva décadas intentando demostrar su existencia como estructura anatómica independiente y los resultados siguen siendo contradictorios. Por eso, hoy resulta más preciso hablar de una zona sensible variable que de un punto universal que todas las mujeres deberían encontrar.
Esto no significa que la experiencia de placer en esa zona no sea real. Significa que probablemente no tiene una única explicación anatómica simple.
Punto G femenino: qué es y de dónde viene el término
El nombre viene del ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg, quien en 1950 describió una zona erógena a lo largo de la uretra y de la pared vaginal anterior que podría hincharse con la estimulación sexual. Décadas después, otros investigadores popularizaron la noción y la denominaron «Gräfenberg spot», abreviado como «G-spot» o punto G.
Con el tiempo, la idea pasó del campo sexológico al mediático y se convirtió en una especie de tesoro anatómico que todas las mujeres deberían encontrar. Esa presión no tiene respaldo científico sólido y ha generado más frustración que placer en muchas mujeres.
Dónde se encuentra el punto G femenino
Se habla habitualmente de la pared anterior de la vagina, en dirección al ombligo y cerca de la uretra, aproximadamente en el primer tercio de la vagina.
Pero hay una aclaración importante: no existe una distancia universal ni una textura que todas deban reconocer. La anatomía sexual femenina presenta una variabilidad individual considerable. Por eso, hoy resulta más prudente hablar de una zona sensible variable en la pared vaginal anterior.
¿Existe realmente el punto G como estructura anatómica?
Esta es la pregunta que la ciencia lleva años intentando responder y todavía no ha cerrado.
La revisión sistemática más amplia disponible, publicada en 2021, analizó 31 estudios, incluyendo encuestas, exploraciones manuales, ecografías, resonancias magnéticas, biopsias y disecciones. Su conclusión fue clara: los estudios no coinciden de manera consistente en la existencia de un punto G anatómicamente diferenciado, ni en su ubicación, tamaño o naturaleza. Su existencia como órgano o estructura discreta universal permanece no probada.
El trabajo anatómico más citado a favor de su existencia es el de Ostrzenski, que en 2012 describió en un único cadáver una estructura sacular fibroconectiva milimétrica. Una muestra de un solo caso no basta para establecer un órgano humano universal. Una serie posterior de 13 cadáveres con disección macroscópica e histología no confirmó ninguna estructura análoga.

La relación entre el punto G y el clítoris
El clítoris es mucho más grande de lo que solemos imaginar. El glande, la parte que podemos ver, es solo una parte del órgano. Internamente continúa en un cuerpo y dos raíces o cruras. Cerca se encuentran también los bulbos vestibulares, estructuras eréctiles estrechamente relacionadas con la uretra y la vagina.
Una de las hipótesis actuales propone que el placer sentido al estimular la pared vaginal anterior no procede necesariamente de un punto independiente, sino de la activación conjunta de varios tejidos y estructuras cercanas.
Por eso se ha propuesto hablar de un complejo clitorouretrovaginal. Esta explicación ayuda a comprender la zona como un conjunto dinámico, aunque su alcance y su interpretación continúan siendo objeto de debate científico.

¿Todas las mujeres pueden sentir esa zona?
No. Y esto es importante.
La sensibilidad, el placer y la respuesta sexual varían enormemente de una mujer a otra. No encontrar una zona especialmente placentera en la pared vaginal anterior no significa tener menos capacidad orgásmica ni una anatomía deficiente.
Un estudio con más de 1.800 gemelas encontró que el 56% decía reconocer un punto G, pero no detectó un componente hereditario significativo. Sin embargo, al estar basado en las respuestas de las participantes, no permite confirmar ni descartar por sí solo la existencia de una estructura anatómica.
La experiencia, la excitación, el tipo de estimulación, la atención corporal y las expectativas también pueden influir en la manera en que interpretamos las sensaciones.
En una muestra probabilística de más de 1.000 mujeres en Estados Unidos, solo el 18% refirió que el coito por sí solo era suficiente para alcanzar el orgasmo. Más de un tercio dijo necesitar estimulación clitorídea durante el coito. Esos datos encajan mejor con un modelo dinámico de estimulación combinada que con la idea de un interruptor fijo intravaginal.
¿Produce orgasmos más intensos?
Puede ser vivido así por algunas mujeres, pero no es una regla ni una categoría superior de orgasmo.
La idea de que el orgasmo vaginal es más profundo, más maduro o más completo que el clitorídeo no tiene respaldo en la ciencia contemporánea. Es una herencia de viejas teorías que dividían los orgasmos en jerarquías y que causaron mucho daño a la autopercepción sexual de las mujeres.
No hay un tipo de orgasmo que demuestre que conoces mejor tu cuerpo o que tu sexualidad está más desarrollada. Hay tantas formas de sentir placer como mujeres.
Punto G, lubricación, eyaculación femenina y squirting
Durante la excitación sexual pueden aparecer diferentes fluidos, con orígenes y funciones distintas. No todo líquido expulsado o percibido durante una experiencia sexual es eyaculación femenina o squirting.
La lubricación genital se produce principalmente por el aumento del flujo sanguíneo en la vagina, que favorece el paso de líquido a través de sus paredes. Las glándulas de Bartolino, situadas a ambos lados de la entrada vaginal, también producen una secreción mucosa que ayuda a lubricar el vestíbulo vulvar y la zona más externa de la vagina. Esta secreción no procede de la uretra y no debe confundirse con la eyaculación femenina.
La eyaculación femenina consiste habitualmente en la expulsión por la uretra de una pequeña cantidad de fluido, generalmente más espeso o blanquecino, procedente de las glándulas parauretrales o de Skene. Este fluido puede contener marcadores prostáticos, como el antígeno prostático específico o PSA.
El squirting suele implicar una cantidad mayor de líquido transparente expulsado también por la uretra. Los estudios disponibles, todavía limitados, indican que se origina principalmente en la vejiga y está compuesto sobre todo por orina diluida, aunque puede mezclarse con una pequeña cantidad de secreción procedente de las glándulas parauretrales. La eyaculación femenina y el squirting pueden aparecer por separado o simultáneamente.
Esto no convierte el squirting simplemente en una micción voluntaria ni resta valor a la experiencia. Tampoco la cantidad de lubricación, eyaculación o líquido expulsado mide el grado de excitación, la intensidad del orgasmo o la capacidad sexual de una mujer.
La lubricación, la eyaculación femenina y el squirting pueden coexistir con la estimulación de la pared vaginal anterior y con experiencias de placer intenso, pero son fenómenos diferentes. Ninguno de ellos demuestra por sí solo la existencia de un órgano erógeno independiente y universal llamado punto G.
Cómo explorar la zona sin convertirlo en una obligación
Si sientes curiosidad por explorar esa zona, hazlo desde la curiosidad y no desde la presión de encontrar algo que «deberías» sentir.
Algunas ideas que pueden ayudar:
- Esperar a estar suficientemente excitada, porque la congestión vascular puede aumentar la sensibilidad de los tejidos.
- Explorar la pared anterior con los dedos orientados hacia el ombligo y una presión suave.
- Explorar primero a solas, sin la presión de una situación sexual compartida.
- Si más adelante quieres explorarlo con otra persona, comunicar qué sientes, qué deseas probar y qué prefieres cambiar, sin expectativas sobre el resultado.
Y si no encuentras nada especial en esa zona, no significa que te falte nada. Significa que tu placer tiene otros centros, otras rutas, otras formas. Todas igual de válidas.
No encontrarlo no significa que te falte algo
Durante años se presentó el punto G como la puerta de entrada a un orgasmo más profundo o más completo. Esa narrativa no está respaldada por la evidencia y ha generado más ansiedad que placer.
Desde una educación sexual centrada en el bienestar, tiene mucho más sentido reducir las expectativas normativas, mejorar la comunicación y explorar con curiosidad qué formas de estimulación resultan placenteras para cada mujer que perseguir obsesivamente un punto anatómico concreto.
Tu sexualidad no se construye encontrando todos los puntos que alguien dijo que debías encontrar. Se construye aprendiendo a observar qué sientes tú, qué te produce placer y qué deseas explorar.
Quizá no estás buscando un punto, sino una forma de sentir más
Cuando una mujer busca información sobre el punto G femenino, no siempre está buscando únicamente una parte de su anatomía.
A veces está intentando responder otras preguntas: ¿podría experimentar más placer? ¿Existen orgasmos que todavía no conozco? ¿Por qué no siento lo mismo que otras mujeres describen? ¿Hay algo que debería aprender a hacer de otra manera?
Es comprensible. Pero la pregunta más interesante quizá no sea dónde está el punto G, sino cómo responde tu cuerpo al placer y qué condiciones necesita para disfrutar.
Continúa leyendo: El orgasmo femenino: lo que nadie te contó y lo que sí puedes hacer.
Este es un artículo de Miriam Gómez Galocha
Fuentes y lecturas consultadas
- Vieira-Baptista, P., Lima-Silva, J., Preti, M., Xavier, J., Vendeira, P. y Stockdale, C. K. (2021). G-spot: Fact or Fiction? A Systematic Review. Sexual Medicine, 9(5), 100435.
- Hoag, N., Keast, J. R. y O’Connell, H. E. (2017). The “G-Spot” Is Not a Structure Evident on Macroscopic Anatomic Dissection of the Vaginal Wall. The Journal of Sexual Medicine, 14(12), 1524–1532.
- Burri, A. V., Cherkas, L. y Spector, T. D. (2010). Genetic and Environmental Influences on Self-Reported G-Spots in Women: A Twin Study. The Journal of Sexual Medicine, 7(5), 1842–1852.
- Herbenick, D., Fu, T. C., Arter, J., Sanders, S. A. y Dodge, B. (2018). Women’s Experiences With Genital Touching, Sexual Pleasure, and Orgasm: Results From a U.S. Probability Sample of Women Ages 18 to 94. Journal of Sex & Marital Therapy, 44(2), 201–212.
- O’Connell, H. E., Sanjeevan, K. V. y Hutson, J. M. (2005). Anatomy of the Clitoris. The Journal of Urology, 174(4, parte 1), 1189–1195.
- Pastor, Z. y Chmel, R. (2022). Female Ejaculation and Squirting as Similar but Completely Different Phenomena: A Narrative Review of Current Research. Clinical Anatomy, 35(5), 616–625.